Tormes tiene la cuenca de los ojos vacía. Recién nos dimos cuenta la semana de tormentas que dejó un desastre en mi estanque de peces. Llovió mucho y bajó la temperatura de pronto, de un día para otra la gente de Buenos Aires pasó de las hawainas y remerita sin mangas a botas, campera y gorro. Esos días se llovió mi cuarto y se cayó parte del cielo raso. No pude dormir con la gotera cayendo en los baldes al lado de mi cama. Me levanté temprano. Muy temprano. Fui a ver mis peces y me encontré con mis pesadillas hechas realidad. En un día se murieron siete peces, incluido Ponyo que ya vivía con nosotros hace cuatro años desde la casa de la calle Thames. Suponíamos que resistiría todo. A veces a Pablo le parece ridículo que llore por mis peces cuando se perdieron cosechas enteras con la tormenta. Paz me ayudó a sacar algunos peces que parecían comportarse extraño. Entre ellos Tormes. La verdad es que Tormes siempre se comportaba de la misma manera: solitario, bordeando la pileta o nadando en el fondo. Ese día, también los otros peces estaban así y se murieron. Pero al sacar a Tormes para revisarlo notamos que no tenía ojos. En vez de ellos, vimos las cuencas vacías. Después de un rato concluímos que a Tormes no le pasaba nada más allá de estar ciego y lo devolvimos al estanque. Ya pasó una semana desde mi desastre minúsculo. Sobrevivieron tres pececitos, entre ellos Tormes, que sigue nadando solitario y comiendo unas lombrices enormes que no sé cómo llegan al estanque. Hasta parece más gordo esta semana. Pablo ofreció regalarme más peces, pero yo no quise. Me puso muy mal la muerte de todos ellos, sumada a la muerte de mi gata en septiembre y la desapareció de la otra gata en junio. Estaba cansada y decepcionada. Por el momento decidí no sumar vida a mi jardín. En cambio, me he vuelto loca sacando baldosas del patio para que todo quede tierra. Así la vida llega sola. Hoy ya vi más pájaros en el jardín escarbando en la tierra suelta. Además, parece que otros pajaritos anidan en la enamorada del muro que ha crecido tanto que ya los vecinos me podrían reclamar porque unas ramas se pasaron de su lado. Por ahora, no tengo más que esperar el resultado de ciertos proyectos para saber cómo continuaré mi vida o si, por el momento, detendré los trabajos en el jardín.

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