Salí un poco huyendo de mi casa de La Boca. Varias situaciones me tenían fastidiada y pensé en venirme a Santiago por un poco más de tiempo del de costumbre, aunque parecía mucho. Al vivir ese tiempo resultó ser mucho más largo y menos necesario. Entre tanto, mi gata se enfermó. O empeoró. Hace un tiempo que yo la notaba con menos apetito y más delgada. A Pablo eso le pareció una ilusión mía, o una exageración. Pero yo conozco a mis animales. De todas maneras me vine, aun sabiendo que la Chloé no estaba del todo bien. Y empeoró. La llevaron al veterinario, la cuidaron, la acompañaron y cuando me contaron cómo estaba, aún sin poder verla, supe, aunque deseaba equivocarme, que se iba a morir antes de que yo pudiese volver. Así como se mueren lo gatos, silenciosos, tranquilos, entregados. Supe, porque todos los gatos lo hacen, que buscaría un lugar para morir y les pedí que no la dejaran salir y que le proyeran un lugar adentro donde pudiera morir tranquila.
Hoy se murió y lamento no poder haber estado con ella, acompañarla mientras su mirada se habrá ido apagando como un sueño, porque así te miran, a los ojos, directa y tranquilamente, se dejan estar y mueren. Me consolaba un poco saber que estaba con Fernando que, después de mi, era su favorito. A su cama fue a parir los gatitos cuando él tenía seis años y muchas noches durmió con él. Fernando ahora está furioso. Lo llame. Fernando furioso. Conmigo. Con el perro que no la dejó sacarla al jardín justo antes de que muriera. Yo también siento que estoy enojada. Enojada conmigo, incluso con ellos que habran hecho todo lo que podían por la gata y, de pronto, después de que ya está muerta, que ni si quiera podré enterrarla, pienso, quizás debido al enojo que tengo, que se desvanecen la razones por las cuales volver tan pronto. Todo este tiempo que la Chloé estuvo enferma y que ellos se agotaron entre llevar su vida, la casa y cuidar a la gata, se me hizo demasiado largo. Hubiese regresado antes, pero ya no regresé a tiempo. Así de simple. Ahora voy a llegar y mi gata no va a estar. Ya no va a estar, no la veré por la ventana de mi cuarto tomar sol en las paredes contiguas, ni si quiera la veré enterrada y muerta. Mi gata.
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